Durante gran parte de la tarde del sábado, el cielo sobre Charlotte lució de un gris lúgubre, llovÃa a cántaros, el viento soplaba con fuerza y se veÃan y oÃan truenos y relámpagos cada minuto. Si Steve Clarke hubiera estado mirando por la ventana de su habitación de hotel, esa habrÃa sido la escena apocalÃptica que habrÃa contemplado. En cierto modo, el escenario ideal para una noticia bomba.
A los pocos minutos de que Escocia fuera eliminada oficialmente del Mundial, se anunció la marcha del seleccionador. A diferencia del tiempo, no hubo aviso previo. Su salida fue tÃpica de él: discreta, sin aspavientos, sin entrevistas por el momento, sin necesidad, en su opinión, de explicar sus motivos más de lo que ya habÃa hecho.

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