"Debía motivarme con ese trabajo que no me hacía sentir realizado. ¿Cómo lo conseguía? Durante el día no entrenaría a los jugadores, sino que tendría que ir a los clubes a ver en qué estado se encontraban. Y enviar a mi entrenador de porteros a ver a los seleccionados prepararse. Los fines de semana, a mirar todos los partidos. Para ello necesitaría un buen apartamento con muchas pantallas de televisión para analizar a todos los futbolistas. Cuando me ofrecieron el cargo, Inglaterra tenía un partido amistoso en París contra Francia. Pensé 'qué partido tan interesante, puede estar bien este trabajo'. Pero luego, ¿cuál era el siguiente encuentro? Contra Kazajistán, un mes después. 'No, no, no'. No podía ser. Me contactaron, yo era joven y orgulloso y no salió adelante", manifestó Mourinho

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